LOS SIRIRISES !!!!

Se despedía el verano de 2020 cuando debimos silenciarnos.
Llegó el otoño y seguimos sin palabras y temerosos.
Un virus de lejanas tierras había decidido acortar las vidas y los sueños.
Una grieta profunda en el viejo mundo, con el nombre de pandemia, se hizo cargo de nuestra alegría.
De pronto los jabones y los barbijos reemplazaron el mate de las mañanas, y los abrazos de las tardes con promesas de amor.
La soledad se apoderó de la tierra, y las noches de abril solo abrieron las ventanas para escuchar los sonidos de la naturaleza.
Y allí fue cuando a orillas del río nombrador, y en medio de la incertidumbre por el flagelo de la tristeza que también mata, se animaron ellos, los eternos peregrinos del canto isleño, los parejitos voladores con estrella, a ponerle un silbo de esperanza a los cielos del litoral.
Como si de pronto hubieran inaugurado un nuevo tiempo para la humanidad descalza, los siririses se escucharon una y otra vez, al regreso del cotidiano encuentro con el pariente del mar; definiendo un rumbo luminoso para los hombres callados.
Pero, en el mismo instante que las ciudades recuperaron la risa, y los niños pudieron apretar las manos amigas, los motores de la fábrica y los gritos apurados aturdieron la enfermedad del espacio.
Ya nadie atinó a la espera de la canción con luceros; ni a la formación alada de siririses.
Sin embargo, yo los seguí escuchando, muy cerca de mi corazón costero, como intentando el milagro de las horas.
Mientras desde un balcón con aplausos y lágrimas, Lucía Gil insistía en que volveríamos a juntarnos, volveríamos a brindar; porque un café nos había quedado pendiente en nuestro bar.
ROBERTO ROMANI
