Hoy, 22 de abril, se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra para concienciar sobre la protección del medio ambiente, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
Al hablar de la Tierra, nuestra imaginación suele evocar dos tipos de escenarios muy distintos. Uno es aquel que vimos en documentales cientos de veces: un planeta que contiene ambientes naturales inmensos, sanos y muy diversos entre sí -desde zonas cubiertas de hielos eternos, fondos marinos que parecen de otra galaxia, desiertos inabarcables, selvas infranqueables- donde el reino animal se maneja a sus anchas. Estos entornos silvestres y salvajes parecen discurrir por fuera de toda injerencia humana, casi como si nada pudiera dañarlos o agotarlos.
El otro escenario suele ser el de la devastación. Pensamos en un planeta en el que la forma de producción ha llevado a generar montañas de basura, ríos contaminados y mares llenos de plásticos, donde las barreras de corales están muriendo en medio de aguas cada vez más ácidas. Se vienen a la cabeza los bosques con todos sus árboles talados o quemados, la sequía o las inundaciones, los cientos de animales apareciendo en campos de cultivo o en ciudades porque sus hogares cada vez están más acotados. Incluso pensamos en el clima extremo y en lo difícil que es soportarlo para toda la humanidad.
Y si bien ambos escenarios son ciertos, son extremos que derivan en falsas conclusiones. En uno, creemos que nuestro planeta es un paraíso de vida inagotable, lejano a nuestra realidad, sobre el que la humanidad no tiene responsabilidad ni dependencia alguna; del que sólo tenemos que tomar lo que necesitamos, sin más. En el otro, sólo vemos la destrucción irreversible, al punto de querer bajar los brazos y darnos por vencidos.
En ambos casos, pareciera que no tenemos nada que hacer, sólo dejar las cosas como están. Mientras tanto, quienes tienen el poder, continúan disponiendo de nuestra Tierra a su antojo.
La realidad es que hoy estamos en medio de estos dos panoramas. Es cierto: el daño que hemos hecho a los ecosistemas es innegable y el desequilibrio que provocó el sistema de producción actual ha desatado una crisis climática que ya muestra sus efectos letales día a día. Pero, también, es real que necesitamos de lo que nos provee la naturaleza para vivir: aire limpio, agua dulce, tierras sanas donde cultivar nuestros alimentos, y ambientes vivos que equilibren la salud de todos y todas.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
REGENERAR LA TIERRA ES POSIBLE
Aunque la situación está muy lejos de ser ideal, no todo está perdido. Tenemos que encontrar formas de multiplicar la esperanza y de accionar por el cuidado de nuestra Tierra y, lo mejor de todo, es que tenemos muchas cartas a nuestro
Puntos clave del Día de la Tierra:
- La fecha nació en 1970 en Estados Unidos como una protesta ambiental y hoy se celebra en más de 190 países.
- Visibilizar problemas como el cambio climático y promover la sostenibilidad.
- Acciones que podemos poner en practica para siempre.
- Separar residuos y reciclar.
- Reducir el uso de plásticos de un solo uso.
- Ahorrar agua y energía en el hogar.
- Plantar árboles o crear huertas.
- Movilizarse en bicicleta o caminando.
Esta celebración busca generar conciencia sobre nuestro impacto ambiental y fomentar la armonía con la naturaleza
Es momento de unirse a los espacios de encuentro con otras personas que compartan la misma causa. Para crear e impulsar soluciones y también para exigir a gobiernos y empresas que hagan su parte.
Es momento de unir fuerzas, ideas y corazón, más que nunca. Por nuestro planeta Tierra y todas las formas de vida que lo habitamos. Por un presente y futuro sustentable, justo y más feliz.
